sábado 4 de julio de 2009

La ciudad se nos mea de risa, nena.


"Generada por fertilización in vitro, la política será concebida sin amor, sin odio, pero también, indiferente, vacua, insípida, como la vida entera de Michael Jackson, carente de toda humanidad. Ahora es el PRO, luego será NIKE, luego cualquier logo desprovisto de todo sentido." Así encabecé mi facebook, la semana pasada. Vaya militancia, la mía, a última hora y desde el facebook, casi, (me atrevería a decir), de una hipocresía rampante. Es que no participo ni nunca participé en política, en lo que entendemos como la política, los partidos, las luchas, discusiones de índole práctica sobre los números de la economía nacional. Tampoco fui dolorosamente apaleado por un policía durante alguna marcha, simplemente porque no fui a ninguna, y estúpida y únicamente, fui preso la primera vez que fumé marihuana. Así que ven, soy un idiota más de los miles y miles que debe haber en mi generación. Y sin embargo, como dice un escritor argentino, en vez de rehuirlo, enfrentemos este impresionante hecho.
El impresionante hecho sería el hecho mismo de mi idiotez. El hecho de que no me interese leer los diarios ni informarme fehacientemente de los temas de actualidad, y que siempre utilice ciertos argumentos generales para cerrar alguna discusión política, los cuales son, como se dice, irrefutables, porque no se trata mas que de palabras que niegan lo que distingue a una situación y la tornan más interesante respecto de alguna otra: las particularidades. Así, como imagino deben hacer los comunistas teóricos “¿Aumentar el salario? No, eso canaliza el disgusto por el sistema transformándolo en un simple trueque entre empleado y patrón, y, por ende, establece en el interior del mismo una demanda que en realidad le iba dirigida desde fuera. No, de ninguna manera, aumentar el salario es reformismo.” Algo que, visto desde una perspectiva a largo plazo, está muy bien, es decir, si tenemos en cuenta un plan de lucha milenario hacia la revolución, pero que por el contrario desde el presente no es sino otra cosa que un refinado argumento de derechas. De modo que es curioso ¿No? Si miramos hacia el horizonte el argumento es de izquierda, y si lo observamos desde aquí, desde la acuciante baldosa en la que estamos parados, es sin embargo derecha. Lo mismo que en el sentido más literal y campestre, izquierda y derecha, lejos de ser valores absolutos, se intercambian y alternan dependiendo del punto de referencia.
Por supuesto, tampoco es bueno lo contrario, quiero decir, el particularismo recalcitrante que se guía solamente por estadísticas y contingencias del momento, dado que, de este modo, nos confinamos a naufragar en un pragmatismo peligroso, en el que terminamos paradójicamente perdiendo el mismo punto sólido sobre el cual creemos estar fuertemente afirmados. Así, prestándole tanta atención a los medios, terminamos por olvidar los fines.
Lo importante, entonces, es saber dónde estamos ubicados, y una vez allí, ir ayudándose con lo general.
Pero yo quería en realidad preguntarme por mi idiotez. Quería ver si, de la misma manera que hizo Descartes, una tarde común y corriente, en las que estaba sentado, sin ropas, junto al fuego, mi idiotez servía para aportar algo. Bueno, en este momento, yo también estoy desnudo, así que por ahí se me ocurre algo. Si sólo me viesen escribiendo frente a la computadora, de noche, rascándome erótica y frenéticamente el miembro… Mi gran y largo miembro, puesto que soy idiota. Pero quería decir que, como es lo único que tengo –además del miembro largo, claro- quería ver si con mi idiotez podía hacer algo, considerarla positivamente.
Comencemos con los hechos; aquél domingo de las elecciones (nunca me acuerdo las fechas) voté directa y efusivamente a Heller.
Ser efusivo en el cuarto oscuro es elegir de una, sin más, la boleta entera y depositarla cuidadosamente en el sobre. Ser efusivo en el cuarto oscuro es ser sumamente cuidadoso, tener miedo de equivocarte de lista, de doblar mal el sobre, de cortar boleta porque no sabés como cárajo hacer ese tipo de maniobras prácticas. Y fui muy efusivo. Yo quería votar a Heller y lo hice con convicción.
La otra opción viable era Pino, de etiqueta honesto y consecuente, y no dudo que, realmente, lo sea, pero también, como dije líneas atrás, sino le ponemos un toque de particularidad, de especulación pragmática a la cosa, con la pura generalidad no se llega a nada. Pero todo esto balanceado para que no se vayan a la mierda ninguno de los dos polos. Probablemente votar a Pino me dejara moralmente tranquilo, pero votar a Heller me daba esperanzas para seguir viendo entre las listas, alguna vez, y paradójicamente, a alguien como Pino, es decir, alguien que reivindique ciertas cosas básicas con las que estoy de acuerdo, salud pública y extermino radical de la pobreza –no de los pobres-. Pero si la cosa sigue así, como está siguiendo, la derecha va a copar todo y lamentablemente, la posibilidad real de opciones progresistas viables se verá obnubilada. Porque Pino no tiene poder.
Porque lo principal consistía en luchar contra el neogorilismo cool de los Narváez, los Macri, los verdaderos hijos de Mendez, era preciso dar una señal contundente de apoyo a los Kirchner.
Sí, claro, como ya dije, desde una perspectiva general, son todos unos cerdos capitalistas, porque estamos en un sistema de ese tipo y porque la cosa todavía es o vivir de la venta de la propia fuerza de trabajo, o vivir a costa de la fuerza de trabajo de otros. Sí, claro que es así, pero ahora, hoy, hay que hacer algo y para dar el último paso primero hay que dar el primero.
Primero, entonces, había que estar con los Kirchner.
Si efectivamente los ideales progresistas y peronistas que, al parecer, encarnan o quieren encarnar los Kirchner, son o no verdaderos o son por el contrario una pantalla para esconder oscuros negocios, esto no afecta la validez de las razones de mi voto. Quiero decir, porque mis razones son razones desde la idiotez. Desde la ignorancia de cosas muy concretas. Porque aún desconociendo la probidad moral de los Kirchner me inclino a votar por ellos. ¿Y por qué? ¿Y cómo sucede esto? Se preguntará el lector escandalizado. Bueno, pues, porque, como dije, ignoro muchas cosas. Porque al menos desde lo simbólico –y no tan simbólico-. (Aumento a los jubilados, estatización de AFJP, recuperación económica, impulso de los juicios a represores y la inolvidable, emotiva, imagen del retrato de Videla siendo por fin desterrado del infame honor que en las paredes de la Esma, todavía, se le profesaba, etc.) Al menos desde lo simbólico, simbólico contra simbólico, ganan por afano los Kirchner. Porque si unos mienten, los otros confiesan. Porque si Cristina y Nestor mienten, Macri, De Narvaez y Michetti te lo dicen en la cara, se van a cagar en todo, y está todo bien, y por eso los votan. Porque el argentino medio aprecia mas la honestidad y la sinceridad que la justicia.
Deben pensar: ah! Este tipo dijo adelante de todos que quiere matar a los pobres. No trata de ocultar nada. Es un tipo sincero. ¡Vamos a votarlo!
El argentino medio es un ente lavado de ideología, y, acostumbrado a la comodidad que puede ofrecerle la supina obediencia en el trabajo, busca para la ciudad un jefe, o un gerente. El nuevo jefe de la ciudad debe asegurar la estabilidad del jefe particular, privado, y así, casi por transición, la del mantenimiento de la mónotona y cómoda vida del propio argentino medio. De este modo, la serpiente se muerda la cola. Se cierra el círculo.
Que se convierte en burbuja.
Cárcel a los menores y los bolivianos no entran en los hospitales.
Pero, por supuesto, todo esto, lo digo desde la estupidez. Ignoro muchas cosas, pero entre una ignorancia y una certeza de lo fatal, me quedo con la ignorancia. La misma con que los otros escribirán insultos en mayúscula y sin ortografía, sopa de frases inconexas, cual zombies teledirigidos por Tinelli y Mirtha Legrand, contra la presidenta:
"Cristina KK
RENUNSIA CONCHUDA"
yo, por lo menos, a mi idiotez puedo hacerla hablar.