jueves 26 de marzo de 2009

Vomitando, junto con Gombrowicz

El polaco había dicho: “No cabe duda que (…) los versos no gustan a casi nadie y que el mundo de la poesía versificada es un mundo ficticio y falsificado…” El polaco lo había dicho en una reunión de poetas, entre poetas. Lo había dicho, el polaco, de la poesía toda, y había titulado su conferencia del siguiente modo: Contra los poetas. Gombrowicz estaba en el horno. Podemos compararlo con un referí que se pone la camiseta de river, en plena cancha de boca. Podemos compararlo con el pibe que le pide moneditas a las señoras pacatas de Puerto Madero. Podemos compararlo con Evita, destilando el hermoso rencor contra las clases altas que la hizo grande. Podemos compararlo al gesto devorador del que siente, con todo derecho, que su vida puede afirmarse igual que la de cualquier otro, y comprende, contra toda evidencia externa, que nada ni nadie se merece de manera especial el segundo que habita, siendo que todos, son, somos, igual, de antemano, polvo barato, de albaliñería.
Mas o menos en el 47, el polaco Gombrowicz, exiliado, pronuncia su letal conferencia . Este simple hecho será sin embargo historia. Será leyenda. Tiendo a ver en esta conferencia, no la confirmación, como piensa Ricardo Piglia, de las teorías francesas de Deleuze Guattari y la literatura menor, y fruta, y fruta, y fruta sólo porque el polaco dice aquello de mandaría a todos los escritores al extranjero o mi castellano es pobre, o mi pobreza de estilo es incluso una ventaja favorable, etc, sino que, lisa y llanamente, observo el reclamo contra un mundo que se volvió burocracia, el de la literatura y sus literatos, y los profesores de filosofía, los opinólogos, los snobs, los idiotas, que, buscando solamente fama, montándose a caballo de la teoría de moda –porque en estas lides reina, también, la pasarela- se toman demasiado en serio y se creen y abogan por sus sueldos miserables, luchando entre sí con uñas y dientes como si en realidad se estuviese jugando la supervivencia del mundo. Un reclamo por el modo popular de entender la cultura. Sí, claro que la gente lee solamente best sellers o todas esas cosas ¿Y qué? ¿Acaso no es mas repugnante justificarlo todo con la teoría que manda la propaganda académica, y así todo escritor hablará del verbo, y la imposibilidad del decir y no diciendo propiamente nada, se las dará de intelectual que profundamente capta la tragedia de la historia? ¿Acaso hay que esquivar con horror el trazo grueso y embarcarse en la la vacilación para ocultar en realidad la falta de compromiso, político, estético, humano?
Todo ese juego histérico del límite y la transgresión del límite, del hablado y el que habla, de la ambiguedad y la indefinición, se transformó en una fórmula estúpida, y fácil, en una triste norma del buen gusto. Tenemos que buscar otra cosa. Apuesto a la ignorancia, de verdad. Soporto mucho mejor la ignorancia crasa del hombre común que aquella otra que muy cultamente nos propone la más refinada teoría de moda.



Aquí, la versión original de Contra los poetas, de Gombrowicz
http://www.ndet.org/foro/showthread.php?tid=2894